miércoles, 14 de diciembre de 2011

Un niño y San Martín

San Martín, fatigado, de galopar el cielo.
En el pueblo y mi plaza puso fin a su vuelo:
Ved ahora su brazo que hacia el azul señala
Tan firme sobre el viento como si fuera un ala.
Desde su pedestal altísimo de piedra
Es el gran capitán del ombú y de la hiedra,
Y también de las flores que adornan los canteros;
De los ligustros graves, de los pastos terreros
Donde empuja su lodo el negro escarabajo.
Porque es el capitán de lo alto y de lo bajo,
De lo fuerte y lo débil, de lo humilde y altivo.
Lo puedo decir yo, que ante su plaza vivo.
Y, con mis compañeños. en ella río y lloro
Mientras él con justicia reparte el sol de oro.
Cuando en su pedestal juego a las escondidas
Y me toca contar en sus piedras sabidas.
Hacia él mi mirada sube entre dedo y dedo.
Y en su actitud de bronce aprendo su denuedo.
Si él quisiera tomarlo de un manotazo airado,
El cielo le cabría en un puño cerrado;
Si él quisiera dos cielos. de un tajo formidable
En dos lo partirla con su virgineo sable.
Pero él no quiere nada. Le basta lo que tiene:
El don de señalar el rumbo que conviene:
Porque donde él indica. allí el Norte se asoma.
La rosa de los vientos por él cambia de aroma.
¡Oh general del cielo! Junto a tu pedestal,
A tus plantas rendido, se desvanece el mal.
Contigo raya el día donde la noche raya.
Recibeme en tu sombra cuando la luz se vaya.
                               César Fernández Moreno

martes, 6 de diciembre de 2011

Belgrano

Salve patricio que con noble afán
consagraste al país la vida entera,
siendo, en tan larga y ejemplar carrera,
a un tiempo su mentor y su guardián.
Los años tras los años pasarán,
mas será tu memoria duradera,
inmortal creador de la bandera
y vencedor en Salta y Tucumán.
Ni aún en cruentas jornadas de anhelante
batallar, diste albergue un solo instante
ni al miedo, ni al rencor, ni al egoismo.
Y el pueblo, objeto de tu amor constante
transfiguró tu imagen en radiante
emblema de virtud y patriotismo.
                   Cupertino del Campo

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Días de Mayo

Ya sé por qué son tan lindos
Los claros días de Mayo;
Por qué la bandera alegra
La vista, al aire flotando;
Por qué se viste de gala
La escuelita y el palacio;
Por qué aplaudimos contentos,
Por qué dichosos cantamos.
Mayo tiene, entre sus días,
Una fecha que los labios
Con amor siempre pronuncian,
Temblorosos de entusiasmo…
Ya sé por qué es glorioso
Ese día afortunado
En que nació vigorosa
La libertad que gozamos.
Por eso, lleno de júbilo,
Encendido de amor patrio,
Soy el primero en gritar
El Veinticinco de Mayo:
Viva la noble Argentina!
Vivan los varones santos,
Que altivos y generosos
Su libertad conquistaron!
                Rafaél López Ruiz

jueves, 17 de noviembre de 2011

A Güemes

Sobre su pedestal de roca viva
oteas cauteloso el horizonte
cóndor que acecha desde su alto monte
del enemigo una señal furtiva.
Vendrá esta vez del Norte el godo artero,
cual tantas otras, pero no de día;
vendrá la noche lloviznosa y fría
en que un Judas te vende por dinero.
¡Padre salteño!, por la espalda herido,
huyendo, desangrándote en la oscura
senda del Chamical no quiero verte,
sino aquí, ya de vuelta del olvido,
viva plasmada en bronce tu figura
con que tu gloria triunfa de la muerte.
                          Juan Carlos Dávalos

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A los Gauchos

Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.
Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.
En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.
Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.
Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el cub de la taba
la existencia del varón.
Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.
Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preopación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.
                              Leopoldo Lugones